26/Junio/2026
Su Mosad Mi General Román Gofman
Hofmantroika: El Mossad inicio la más profunda y drástica transición de su historia con el nombramiento del General Roman Gofman como el decimocuarto director de la agencia de
inteligencia exterior israelí local que marcará una ruptura con la tradición de la entidad. Gofman, un mayor general de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) nacido en Bielorrusia y
exsecretario militar del primer ministro Benjamín Netanyahu, rompió el molde habitual al no ser un oficial de carrera surgido de las entrañas del espionaje, sino un soldado forjado en el quehacer
de las brigadas blindadas del ejército. La decisión del premier Benjamín Netanyahu de relevar a su similar de rango David Barnea responde a una necesidad de reorientar el aparato de inteligencia
hacia una doctrina puramente operativa y de choque directo, dejando atrás la era de la diplomacia paralela y las prolongadas negociaciones de tregua que caracterizarieron la gestión de Barnea
.
Recomposición: Este relevo en la cúpula no quedó exento de tensiones internas y señalamientos de inestabilidad institucional. Voces críticas dentro de la comunidad de inteligencia argumentan que
la designación de un hombre de la extrema confianza de Netanyahu vulnera el estricto código de ética y la independencia política que debe regir al Mossad, transformando la dirección técnica
en un feudo alineado con el ala dura del gobierno. Sin embargo, los defensores de Gofman argumentan que su perfil de combate es indispensable para afrontar el actual panorama geopolítico.
Su objetivo es diseñar la logística de la ofensiva contra el régimen teocrático de Irán y su red de aliados regionales, que incluye el desmantelamiento de las capacidades operativas de los hutíes
en Yemen y la neutralización sistemática de Hezbolá en Líbano. Para consolidar esta estrategia el nuevo director centralizará el mando técnico y coordinará de manera directa con figuras clave del
ejército en el terreno, como el General de Brigada Barak Hiram, comandante de la División de Gaza de las FDI, y el General de Brigada Guy Markizeno, integrando la recolección de datos
clandestinos con la letalidad de las operaciones de infantería.
Alcance: Paralelamente a sus teatros de operaciones tradicionales en Medio Oriente, el tamaño y alcance del Mossad continúan bajo el más estricto velo de misterio sin omitir que su
personal permanente oscila entre los siete y diez mil empleados, lo que la convierte en la segunda agencia de espionaje más grande de Occidente. Dentro de este engranaje global, la organización
otorga una relevancia estratégica a América Latina, una región que dejó de ser vista como la periferia de la geopolítica mundial para convertirse en un terreno crítico de contención.
Países como México y Colombia representan prioridades de primer orden debido a su ubicación geográfica y sus dinámicas internas. En territorio mexicano, la agencia prioriza el rastreo de
transferencias tecnológicas ilícitas y el lavado de dinero que financia a organizaciones radicales, mientras que en suelo colombiano el foco se centra en investigar las actividades de células
durmientes y el contrabando de recursos que las redes aliadas a Irán utilizan para diversificar sus finanzas globales.
Tensión: Esta penetración en norte y Latinoamérica, propició recientemente un terremoto político en el hemisferio sur, evidenciando los roces entre la diplomacia regional y las operaciones
encubiertas. Aunque el número de agentes operativos en activo dentro de las fronteras latinoamericanas se mantiene como un secreto de Estado celosamente guardado, fuentes diplomáticas sugieren la
presencia constante de decenas de oficiales y analistas bajo identidades civiles. La tensión estalló formalmente cuando el presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, acusó de forma
directa al Mossad de coadyuvar de manera clandestina pero decisiva en la victoria electoral del candidato conservador de la derecha, Abelardo de la Espriella. Según la narrativa del
mandatario saliente, la agencia de inteligencia israelí empleó herramientas avanzadas de ciberespionaje, interceptación de comunicaciones de campaña y asesoría táctica encubierta para inclinar la
balanza en favor de De la Espriella, motivados por el fuerte resentimiento derivado de la ruptura previa de relaciones diplomáticas entre Bogotá y Tel Aviv. Esta acusación no solo resalta
el impacto que las agencias de inteligencia extranjeras ejercen en la estabilidad política de la región, sino que expone el nuevo tablero de juego global donde las sombras operativas se confunden
con el destino democrático de las naciones.